Carmelita Fútbol Femenino no va más, cuando los números pesan más que los sueños.
Hay decisiones que no se toman en caliente. Decisiones que se pasan por la almohada más de una noche, que se miden con el corazón en una mano y la realidad en la otra. Carmelita Femenino de Segunda División ha decidido no continuar con su proyecto.
No fue por falta de ganas. No fue por falta de talento. Fue por falta de oxígeno.
La ausencia de patrocinio, la escasa inversión, la nula proyección real y una estructura que exige mucho más de lo que devuelve, terminaron por asfixiar a un club que compitió, creció y soñó en serio. Un equipo que estuvo en instancias finales, que peleó por el ascenso, que incluso formó parte de la Primera División mientras se definía el rumbo del torneo femenino. Hoy, ese camino se corta.
Desde adentro nos indican que pagos arbitrales elevados, multas alejadas de la realidad, sumados a inscripciones, alquiler de canchas y gastos operativos, terminaron siendo una carga imposible de sostener. El fútbol femenino sigue pidiendo profesionalismo… sin ofrecer condiciones profesionales. Y ese desequilibrio cobra factura.
Carmelita no solo fue un equipo. Fue un proyecto con conciencia social. Cuando hubo recursos, salió del país, hizo una gira a Colombia, incluso se midieron ante Millonaios, sembraron árboles y eso dejó huella. Apostó por algo más grande que el marcador. Hoy, irónicamente, ese mismo proyecto queda en el camino por falta de apoyo estructural.
Algunas jugadoras ya encontraron nuevo rumbo. Otras siguen buscando.
Lo que sí es seguro es que el lugar que deja Carmelita no es solo un cupo vacío, es una pregunta incómoda: ¿Cuántos proyectos más van a caer antes de que algo cambie?
Por ahora, Carmelita dice adiós. Sin escándalos. Sin ruido. Pero con una historia que merece ser contada… y una realidad que ya no se puede seguir ignorando.
Share this content:


